martes, 1 de abril de 2008

Diego Guerrero se defiende (I)


Ya sé que todavía tengo pendiente publicar la segunda parte de mi crítica a la teoría del valor trabajo de Diego Guerrero. Sin embargo, permítanme hacer un paréntesis y volver a la teoría de la utilidad marginal decreciente. Resulta que Diego Guerrero me ha contestado en una serie de mails. Así que iré publicando en varios posts mis respuestas.

Nos detendremos ahora en su primer mail. Pasemos a analizar sus puntos:

a) el trabajo es lo único que determina el valor del 99% de las mercancías: las que se pueden reproducir en masa sin límites.

Bueno, el error de esta teoría he empezado ya ha esbozarla aquí. Simplemente recordaré algunos de los errores típicos de Guerrero que ya destaqué en mi post sobre la utilidad marginal pero a los que no ha dado cumplida respuesta.

Primero, la teoría económica no tiene que explicar solamente el valor de las mercancías, sino de toda acción humana. Ello incluye no sólo los servicios, sino especialmente las acciones que no estén relacionadas con la obtención de mercancías (por ejemplo el tiempo de ocio).

Segundo, en todo caso, el trabajo determinará el valor de cambio de las mercancías, pero incluso los marxistas se ven obligados a reconocer la existencia de un valor de uso (utilidad) que sirve como fundamento al de cambio. Si ello es así, la cuestión que se plantea es, obviamente, si todas las mercancías de una misma especie serán intercambiadas por el mismo consumidor por la misma cantidad de bienes. Me explico. Si yo intercambio 1 euro por una botella de agua (es decir, si el precio de una botella de agua es de un euro y estoy dispuesto a pagarlo), la teoría marxista dirá que, una vez eliminado el velo del dinero, estoy intercambiando mercancías que incorporan un trabajo equivalente a una botella de agua. Sin embargo, ¿por qué no estoy dispuesto a adquirir 100 botellas de agua? Al fin y al cabo, si las botellas de agua no pierden valor conforme se incrementa la cantidad adquirida, cuando compre una debería estar dispuesto a comprarlas todas.

Los marxistas sólo pueden señalar que, a partir de cierto número de botellas de agua, ésta deja de ser útil y, por tanto, dejan de intercambiarse. No obstante, el problema sigue en pie, ¿por qué ha dejado de ser útil? Porque las cantidades sucesivas se dirigen a fines menos valorados. Por tanto, las unidades adicionales de un bien reciben un valor de uso (utilidad) menor. Con lo cual, difícilmente el precio de una mercancía puede venir determinado por el trabajo incorporado, si la utilidad (y por tanto, la disponibilidad de ofrecer dinero) disminuye conforme aumenta su cantidad.

Y es que una persona está dispuesta a pagar una menor cantidad por las unidades sucesivas y, por tanto, los empresarios sólo estarán preparados para vender en caso de que el valor que el consumidor atribuye al precio sea inferior al valor que atribuye al bien. Y si los consumidores no están dispuestos a pagar por una producción excesiva, es evidente que el empresario será incapaz de recuperar la cantidad de dinero que ha adelantado a los factores productivos para su producción. Es decir, inevitablemente sus costos superarán sus ingresos y se verá abocado a la quiebra.

b) la excepción son las mercancías cuya oferta es inamovible: en este caso su precio lo determina exclusivamente la demanda. Por ejemplo, los cuadros de un pintor muerto, una botella de Chateau Yquem de 1800 o las acciones de Inditex o Telefónica que haya en el mercado en el momento T.

¡Toma ya! Este párrafo es para enmarcar. Primero, la oferta de todo bien es siempre temporalmente inamovible. En este segundo de tiempo hay X mercancías en el mercado, ni una menos ni una más. Guerrero parece asumir que la oferta de ciertos bienes es absolutamente flexible.

Obviamente no es así, la producción tiene lugar con mucha anterioridad al momento de la venta y, de hecho, la producción dependerá, entre otras cosas, de la atracción de capital que, casualmente, Guerrero hace depender únicamente de la demanda (las acciones de Inditex).

Es decir, la producción depende no solamente de la cantidad de trabajo, sino de capital. Guerrero hace depender el precio del capital (y por tanto su oferta) de la demanda. Por tanto, la cantidad de bienes que determinará la flexibilidad de la oferta que, a su vez, da paso a que el intercambio se determine por la cantidad de trabajo incorporado, depende ¡de la demanda! Es curioso cómo incluso por esta vía el marxismo languidece.

c) Los monopolios pueden afectar los precios de mercado por encima de los precios reguladores (p. de producción y p. directos), pero primero hay que estudiar cómo se forman dichos precios reguladores: todo hay que hacerlo por orden, y la ciencia se basa en este sistema ordenado. Por otra parte, no debe confundirse monopolio con gran empresa. La concentración y centralización del capital ha hecho que las empresas sean muchísimo más grandes ahora que en el pasado, pero (casi) todas ellas siguen compartiendo entre sí de acuerdo con las leyes económicas capitalistas y, en particular, de acuerdo con la ley del valor (trabajo).

Los monopolios aumentan el precio por encima del que se fijaría en el libre mercado, precisamente por su exclusividad y poder de negociación. Sin embargo, incluso en los monopolios legales, fijan su precio en función de la utilidad marginal y no del valor trabajo como dice Guerrero. Si un monopolio fija un precio por encima de la utilidad marginal de los consumidores, estos no lo adquirirán. Es decir, la demanda caerá y, por tanto, los ingresos del monopolio. Hay que señalar en este punto que el hecho de que el precio supere la "utilidad marginal de los consumidores" no significa que un cierto precio supere la utilidad marginal de TODOS los consumidores, sino sólo en el de algunos consumidores (que disminuirán su adquisición).

¿Y qué significa que la utilidad marginal del precio supere a la de los productos a adquirir? Pues que el fin que puede conseguir con el dinero tiene un mayor valor que el que podría conseguir con los bienes que ofrece el monopolio. Esto tampoco es equivalente a señalar que el consumidor dejará de comprar cualquier bien al monopolio: precisamente, cuando disminuye las cantidades a comprar, la utilidad de las unidades aumenta y, por tanto, no es improbable que supere a la del precio. Pero en todo caso la demanda disminuirá, precisamente por la utilidad marginal decreciente.

En cuanto a la utilidad, no tiene ningún papel en la determinación de los precios. Lo que los neoclásicos entienden realmente por utilidad marginal del consumidor es el precio mismo: si alguien compra algo de 10 euros es que su utilidad marginal son 10 euros, y si compra algo de 20, lo mismo. Se trata de una pura tautología.

Los neoclásicos pueden decir lo que les plazcan, están casi más equivocados que usted. Sospecho que no se ha leído mis posts en los que le criticaba, o dejaría de haberme tachado de neoclásico y, sobre todo, de atribuirme argumentos carentes de sentido. Repito, si la utilidad de una manzana es igual a la utilidad de su precio, entonces el intercambio pierde sentido (¿para qué intercambiar para quedarme igual?). Es decir, la utilidad de un bien no son los 10 euros (si alguien compra una manzana por 10 euros significa que la utilidad de la manzana es SUPERIOR a la de los 10 euros), sino, como su nombre indica, la aptitud que el actor le atribuye para la satisfacción de sus fines.

Los precios se fijan al cruzar utilidades, esto es, yo te doy algo que valoro menos que lo que tu me das, y viceversa. Son relaciones históricas de intercambio y no mediciones del valor, entre otras cosas porque el dinero (unidad en la que se suelen expresar los precios) también es valorado y, por tanto, caemos en un razonamiento circular.

lo único que pueden decir es que cuando el consumidor A compra algo de 10 euros está demostrando que su utilidad marginal es como mínimo 10 euros (pero podrían ser 20 ó 100), y al comprar otra cosa de 20 euros, su utilidad marginal es como mínimo 20 euros (pero podrían ser 1000 ó 15). Por tanto, A puede pagar 10 euros por una mercancía que le ofrece una utilidad marginal menor, igual o mayor que B, por la cual pagó 20 euros. Y lo mismo ocurre con los consumidores B, C, D... Entonces, ¿de qué sirve la utilidad marginal en la teoría del valor?

La utilidad es ordinal, se trata de una jerarquía de acciones. Yo prefiero A a B, elijo entre A o B atendiendo a mis preferencias. Pero estas preferencias no son cardinales, sino ordinales. No tiene sentido pretender cuantificar la utilidad, nadie puede hacerlo (ni siquiera el propio actor), no hay ninguna unidad de utilidad. Lo único que sabemos es si tal acción es preferida a otra. Sin embargo, Guerrero sigue sin entender nada y dice que "cuando el consumidor A compra algo de 10 euros está demostrando que su utilidad marginal es como mínimo 10 euros". ¿Y cuál es la utilidad de un euro? ¿Cómo pretender medir la utilidad a través de otras utilidades que, además, son variables? ¿Cómo pretender medir las jerarquías? Los 10 euros también son valorados conforme a la utilidad marginal, por tanto, lo correcto es decir que cuando alguien compra un bien que tiene un precio de 10 euros, está demostrando que, para el actor, la utilidad marginal de ese bien es superior a la utilidad marginal de los diez euros y ello es así porque el bien se dirige a un fin más apetecido que al que podrían dirigirse los 10 euros.

La cuestión no es sólo esa. Sabemos apodícticamente que la segunda unidad de ese bien será valorada menos que la primera (no después de consumirla, sino ante la expectativa de hacerlo). Por tanto, si sigue dispuesto a pagar 10 euros por esa segunda unidad, ello se deberá a que el fin que conseguirá con esa segunda unidad sigue siendo más valorado que el que puede conseguir alternativamente con diez euros. Obviamente las comparaciones intersubjetivas de utilidad siguen siendo imposibles, como se encargó de recordarle Robbins a Pigou, dado que el valor es ordinal. La utilidad marginal, aunque Guerrero no lo sepa, nos sirve para explicar: a) porque un individuo valora un bien A más que otro B, aún cuando esté seguro de que valoraría más la primera unidad de B que la de A, b) porque la demanda de un bien no es infinita, c) la imputación d) y, sobre todo, el origen del valor.

La utilidad marginal se asienta perfectamente sobre el estudo praxeológico de la acción humana, de la economía. Disciplina en la que Guerrero todavía aparece en una fase muy principiante y acientífica. Le convendría no sólo leer, sino entender a Böhm-Bawerk. Se habría ahorrado perder mucho tiempo; al menos, claro está, si su objetivo es el de desarrollar la ciencia económica y no el de difundir propaganda marxistoide.