martes, 1 de abril de 2008

Valor Trabajo, réplica a Diego Guerrero (I): Pasos uno y dos


Después de criticar la supuesta "refutación" de Diego Guerrero a la teoría de la utilidad marginal decreciente, pasemos ahora a examinar su alternativa: la teoría del valor trabajo.

Del artículo enlazado sólo nos interesa la primera parte y el apéndice cuatro (en el link enlazado, por desgracia, no está el apéndice 4 del que sí dispongo merced al artículo completo que me ha enviado Guerrero como supuesta respuesta a mis críticas), sólo aquí aparece propiamente la teoría del valor trabajo. Las restantes partes del artículo son derivación de éstas y, además, han sido tratadas de manera bastante superficial por Diego Guerrero. En la primera parte, Guerrero procede a demostrar la teoría del valor en tres pasos. Hoy criticaremos los dos primeros pasos criticando su desarrollo argumental.

Básicamente, para quienes no hayan leído jamás nada acerca de la teoría del valor trabajo, el autor quiere probar que el valor de cambio de las mercancías (su precio) depende de la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción y que está incorporado en ellas. Para demostrarlo recurre a un argumento bastante simple: pongamos que un piano se intercambia por 10 guitarras. Si ello es así, el precio del piano debe ser igual al de diez guitarras guitarras, con lo cual, si dividimos el precio de un piano por el de una guitarra, obtendremos un coeficiente que nos dará la equivalencia entre los pianos y las guitarras. Ese coeficiente, en este caso, será de uno a diez (un piano a cambio de diez guitarras).

La cuestión, por tanto, reside en interpretar ese coeficiente (esto es, que una guitarra vale lo que la décima parte de un piano o que un piano vale como diez guitarras). Dado que una operación similar (la división entre el precio de dos mercancías) puede efectuarse con todos los bienes del mercado, la interpretación del coeficiente tendrá que pasar por encontrar una característica común a todas ellas (¿qué tienen en común las guitarras con los pianos para que al dividirlos nos dé un cierto coeficiente?). Según Guerrero, podemos estar tentados a decir que la masa, el peso o el volumen, sin embargo, en ese supuesto, los servicios no entrarían en la categoría de bien económico. De esta manera, llegamos a la conclusión de que la única característica común a todas las mercancías es que han sido producidas por la fuerza del trabajo humano. Y de esta manera tan sencilla, la fuente del producto se convierte en fuente de valor.

Básicamente esta es la tesis central del artículo que coincide con la teoría marxista ya refutada por Böhm-Bawerk (por mucho que Guerrero se niegue a reconocerlo). Desde luego, Guerrero no entra de lleno en el espinoso tema de la transformación, piedra de toque del economista austriaco. Siendo ello así, pasemos a criticar su análisis.

Igualdad en el intercambio y en el mercado

La primera deficiencia grave de la teoría de Guerrero es el supuesto de que las mercancías se intercambian por igualdades. Yo compro 10 manzanas y entrego 5 peras porque el valor de ellas es el mismo (sólo así puede entenderse las ecuaciones que plantea Guerrero). Esto no tiene ningún sentido ya que si yo valoro IGUAL las peras que las manzanas, no hay motivo alguno para efectuar el intercambio. Sólo porque yo valoro MÁS las manzanas que las peras, estoy dispuesto a entregar cinco de MIS peras a cambio de 10 de SUS manzanas.

Por supuesto, Guerrero argüirá que yo estoy haciendo referencia al valor de uso y no, como él y Marx, al de cambio (precios). Sin embargo, aquí hay que recordar que, como el propio Guerrero reconoce en el apéndice 4 en referencia a la utilidad "social": [es el] presupuesto necesario del valor y del valor del cambio, y razón por la cual Marx arranca su obra diciendo que la mercancía ya es en sí un valor de uso. Sin valor de uso no hay valor de cambio. El problema es que aquí entramos en una razonamiento circular; si las mercancías se siguen intercambiando entre igualdades en sus valores de cambio, ello significa que el valor de uso es irrelevante (ya que el valor de uso puede cesar, pero el intercambio continuar). Y si lo que gobierna (el presupuesto necesario) el valor de cambio sigue siendo el valor de uso (la utilidad) entonces los intercambios no tienen nada que ver con las ecuaciones de sus valores de cambio, o de sus precios, sino con las desigualdades de los valores de uso de las mercancías intercambiadas. Por tanto, o el marxismo asume la irrelevancia de los valores de uso o la igualdad de valores de cambio no se sostiene.

En otras palabras, que el precio de un CD sea de 20 euros no significa que vaya a intercambiar mis 20 euros por ese CD, por mucho que el valor de cambio de un CD sean 20 euros y el valor de cambio de un euro una 1/20 parte de un CD. Sólo lo haré si valoro MÁS el CD (valor de uso) que mis 20 euros (valor de uso). Los valores de cambio están necesariamente dominados por los de uso; al asumir que el intercambio se realiza en función de igualdades en los valores de cambio se asume, a su vez, la irrelevancia de los valores de uso y, en cierta medida, su igualdad (en cuanto a irrelevancia en el proceso de mercado).

Además, hay otro problema incluso anterior. Dice Guerrero en relación a las mercancías que: Cada tipo de mercancía específico (supongamos que haya, por ejemplo, dos millones de tipos diferentes) se distingue de todos los demás, por definición y que Pero al mismo tiempo las mercancías están en el mercado -lo cual es un hecho (fenómeno) totalmente real-, y esto, de alguna manera, iguala entre sí.

Primero, el bien económico SÓLO es bien económico en tanto sea útil y escaso (y la escasez, lógicamente, sigue siendo un elemento subjetivo: para mí -para mis fines- el cacao no es en absoluto escaso, pues no lo utilizo en absoluto, aun cuando sea físicamente escaso). Sólo cuando el ser humano establece un fin y descubre un medio "escaso" merecerá la consideración científica de "bien económico". Por tanto, el valor de uso, como reconoce Guerrero, es presupuesto del de cambio -no es irrelevante- pero además lo gobierna. En tanto el valor de uso desaparezca, el de cambio también lo hará. En tanto el valor de uso disminuya, el de cambio también lo hará por debajo de lo que lo hubiera hecho.

Segundo, precisamente por ello no podemos hablar de que existe una igualdad entre las mercancías (están en el mercado) que nos sirve para encontrar un componente idéntico (han sido producidas por el trabajo humano) en todas ellas. Esa igualdad que se predica surge de la utilidad y perdura en tanto perdure la utilidad. Volviendo al ejemplo anterior, para mí el cacao no está en MI mercado (a no ser, obviamente, que le encuentre finalidades especulativas, cosa que por ahora no ha sucedido). Si ese desagrado por el cacao empieza a extenderse, por mucho que la cantidad de trabajo socialmente necesaria para producir barras de chocolate se mantenga, la cantidad de intercambios con respecto al cacao disminuirá y, por tanto, o el empresario del cacao disminuye su producción (si bien no está obligado a hacerlo, o no tiene por que ser un buen empresario para hacerlo) o el precio caerá. Vemos, pues, cómo la utilidad de cada individuo afecta al monto de ventas del empresario y, por tanto, a sus beneficios. Si los beneficios caen, deberá reducir costes, pero no necesariamente costes laborales (pensemos en una situación donde exista una especial escasez de capital) para poder reducir el precio. En ningún momento hemos necesitado aludir "necesariamente" a la reducción del trabajo socialmente necesario (el marxismo suele considerar la depreciación del capital como el añadido del "trabajo congelado" al precio del producto final, pero la depreciación es una idea netamente económica que depende de la dotación de reservas para amortizarla; si yo decido dotar reservas cuando la máquina está totalmente depreciada, difícilmente puedo señalar que haya incluido algún tipo de valor a los productos producidos hasta entonces. De la misma manera, si un empresario vende la máquina una vez amortizada totalmente -durante el primer año de s vida útil-, ya no puede considerarse que disminuya la depreciación y por tanto la fuerza de trabajo incluida en los productos porque, a excepción de los cambios intertemporales de valor, esa máquina ya está totalmente amortizada y su depreciación se ha concentrado en los primeros años).

Tercero, Guerrero no puede eludir en este punto aceptar la utilidad marginal decreciente. El aire es útil (por tanto su presupuesto para el valor de cambio termina aquí), pero no es escaso (económicamente). En otras palabras, nadie está dispuesto a comprar o vender aire porque la utilidad de una unidad adicional (esto es, el valor del fin marginal que pasaría a satisfacer esa unidad adicional) es nulo. Sin embargo, siguiendo los presupuestos de Guerrero nada debiera evitar que el aire se embotellara y se vendiera en el mercado, de manera que adquiera también valor de cambio. Si el aire es útil y es transformado a través del trabajo (embotellamiento), se intercambiará en función del trabajo socialmente necesario para la producción de una "botella de aire" (y no me estoy refiriendo, obviamente, a bombonas de oxígeno que sí reciben un especial tratamiento y proporcionan oxígeno allí donde es ESCASO -bajo el agua por ejemplo-, sino a botellas de plástico llenas de aire que nos lo puedan proporcionar allí donde no lo es -ahora mismo, por ejemplo). ¿Por qué no ocurre? No porque la botella de aire no sea útil (en un mundo extraordinariamente contaminado podría serlo), sino porque AQUÍ y AHORA no sirve para satisfacer ningún fin o, al menos, ningún fin importante. En otras palabras, dado que la aparición de un medio adicional se dirige a la satisfacción de un fin marginal (aquel que no podía satisfacerse antes por insuficiencia de medios), y dado que los fines podrán ordenarse de mayor a menor importancia, los medios adicionales tendrán la utilidad (descontando el interés) de los fines marginales. En caso cotnrario, AQUÍ y AHORA deberíamos estar encantados y dispuestos a comprar botellas de aire embotelladas, intercambiándolas por productos que incorporen una igual fuerza de trabajo que el embotellamiento.

Los coeficientes

OIro fallo considerable que comete Guerrero es la interpretación de los coeficientes. Recordemos. Si un piano tiene un precio de 1000 euros y una guitarra de 100, entonces, dividiendo piano/guitarra, tenemos una relación de 10 a 1, es decir, un coeficiente Apg=10 o Agp=0,1 (los subíndices dan muestra de la división, pg significa piano/guitarra y gp guitarra/piano). Esto significa que hay un componente idéntico en el piano y la guitarra en relación de 10 a 1. Y en este punto, Guerrero sostiene que los economistas tienen dos alternativas: a) O bien se dice que cada uno de los aij tiene el valor que tienen ("valor" entendido aquí como "magnitud") simplemente "...porque sí". b) porque ésa es la relación numérica exacta determinada por el cociente real de las cantidades realmente existentes de una cierta, específica, determinada, propiedad concreta que está presente en esa medida en cada una de las dos mercancías comparadas en el mercado

Lógicamente, Guerrero sigue la altenartiva b), añadiendo que la "propiedad concreta que está presente en esa medida en cada una de las dos mercancías" es el trabajo humano. Aquí hay que hacer varios comentarios.

Primero, como el propio Guerrero reconoce, los coeficientes son valores relativos, derivados de valores absolutos. La cuestión, por tanto, es cómo aparecen esos valores absolutos. En ese sentido, el argumento de Guerrero tiene que ser que los coeficientes están predeterminados. Dadas las condiciones sociales de producción, sólo esos coeficientes eran posibles. Pero, nuevamente, las condiciones de producción no son un dato objetivo e irreductible; las condiciones de producción se adaptan a las necesidades de los consumidores. El hecho de que no se produzcan diariamente Torres de Marfil de 50 metros hace que el número de guitarras sea más abundante y, por tanto, su precio menor (Si cada día produjéramos una Torre de Marfil, la cantidad de recursos disponibles para otras producciones sería mucho menor y, por tanto, también la producción). Si los coeficientes estuvieran predeterminados por las condiciones sociales de producción (el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir una guitarra), en ese caso, poco importaría su cantidad para determinar su precio. Si tenemos un stock de un millón de guitarras en toda España, su precio será el mismo que si tenemos solamente una (esta es la única conclusión que puede derivarse de una teoría que rechaza la utilidad marginal y entroniza el valor trabajo), en otras palabras, su coeficiente con respecto a los pianos seguiría siendo de 10 a 1.

Si ello no fuera así, es decir, si el precio no fuera independiente de la cantidad (recordemos que el valor se incorpora en CADA mercancía según el tiempo socialmente necesario para producirLA) , entonces la relación de una mercancía con respecto a otra ya no guardaría un coeficiente constante a las condiciones sociales de producción (al trabajo socialmente necesario para producirlas) y, en definitiva, los coeficientes no estarían predeterminados sino que se derivarían temporal y lógicamente de la división de los valores absolutos. Y ello, claro está, arruinaría el argumento de Guerrero.

Recordemos, para resumir, que el valor queda determinado por las cantidades realmente existentes de una cierta, específica, determinada, propiedad concreta que está presente en esa medida en cada una de las dos mercancías. Esas cantidades son cantidades de trabajo que son independientes, en cada unidad, de la cantidad global de producción; sobre el precio no influye la cantidad de productos, sino el trabajo incorporado. Sea cual sea los componentes de la producción global de una sociedad, el precio de cada mercancía seguirá siendo el mismo. Los coeficientes son a priori (haciendo abstracción de las condiciones concretas de producción), independientes de las producciones y las cantidades concretas de cada bien.

Por supuesto esto es ridículo. Si la cantidad no influyera sobre el precio, la demanda de una mercancía sería infinita. Si yo estoy dispuesto a intercambiar 10 guitarras por un piano, seguiré estándolo cuando tenga sólo diez guitarras y ya 100 pianos. Ello significa que cada individuo terminaría acumulando aquella mercancía que más valora (aquellos para los que tocar la guitarra fuera su fin prioritario, acumularían millones y millones de guitarras). Así, los intercambios terminarían y la división del trabajo desaparecería. Pero, sobre todo, es rídiculo en términos teóricos. Decir que la cantidad no influye en el precio, como ya hemos visto antes, significa señalar que el valor de uso (utilidad) es irrelevante en la determinación del precio. Los seres humanos no actúan sino que son gobernados por los coeficientes.

Segundo, el reto que lanza Guerrero es irreal y simplista. Que el mercado tienda a ofrecer precios iguales para las mercancías simplemente se sigue del arbitraje. Pero previo a ese arbitraje -que da lugar a suculentos beneficios empresariales- sí se produce un diferencial de precios. Por ello mismo, el coeficiente no expresa nada, sino simplemente una relación de intercambio. El precio no subsume características de los objetos, sino de la mente de los sujetos. Por ello, son las valoraciones subjetivas las que gobiernan los coeficientes y no al revés. Que yo intercambie un piano por diez guitarras simplemente expresa que valoro más (no igual) las diez guitarras que mi piano, esto es, que las guitarras se dirigen hacia fines más elevados que el piano.

El "misterio" de la propiedad común a ambas mercancías que busca Guerrero no es tal. Si los precios se expresan en oro, o en euros, la propiedad común a ambos bienes es el dinero. 1000/100=10. ¿Qué expresa el coeficiente de 10? ¿Cuál es la propiedad común que permite dividirlos? Su expresión en la misma UNIDAD monetaria (aunque hoy no tocaremos este tema, si que conviene para el próximo post tener presente la palabra "unidad"). Si multiplico el coeficiente 10 por 100, me da el precio del piano: la propiedad común es el dinero.

Pero, ¿cuál es la propiedad común en los intercambios directos, esto es, en una sociedad sin dinero? ¿Cómo puede ser que divida un piano entre diez guitarras? ¿Cuál es su esencia? En este caso, puedo dividir 10 entre 1 porque expreso guitarras y pianos en relaciones numéricas. 10 a 1, significa eso, 10 es el resultado de sumar 10 veces uno. Por lo tanto, si multiplico una guitarra por 10 me da como resultado una de las partes del intercambio que YA se ha realizado (es decir, las diez guitarras cambiadas por "un" piano).

Sin embargo, ambos procedimientos tiene poco de objetividad. Las unidades son también subjetivas y definidas por la mente del sujeto. Todo el mundo ve una guitarra y no millones de moléculas. Todo el mundo ve un carton de leche y no 1000 ml de leche. Sin embargo, si el sujeto necesitara 500 mililitros de leche (por ejemplo para un experimento) su "unidad" marginal no sería el cartón, sino 500 mililitros de leche. En otras palabras, hacemos abstracción y operamos con números, esa es la propiedad común que nos permite dividir guitarras por pianos y ordenadores por vacas. (Marx diría que operamos con trabajo "en abstracto" pero como veremos en el próximo post esto simplemente no existe).

Hasta aquí la crítica a la igualdad de las mercancías y a sus coeficientes. En el próximo post analizaremos el tercer punto de la primera parte del post de Guerrero, que consiste en ofrecer tres argumentos (empírico, lógico y teórico-histórico) para probar la teoría del valor trabajo. Como veremos, y como ya hemos visto, todo carece por completo de sentido.